El marketing de guerrilla es una estrategia poco convencional y, a menudo, de bajo coste, diseñada para captar la atención y lanzar un mensaje impactante, generalmente en lugares inesperados. Piensa en flash mobs (muy de 2016, lo sabemos), graffiti (del legal), acciones pop-up o vallas publicitarias misteriosas y pegadizas que te hacen detenerte y decir: “Espera… ¿qué ha sido eso?” 😮
¿El objetivo? Crear algo tan sorprendente o único que la gente no pueda evitar compartirlo, tanto online como offline. No se trata de una perfección pulida, sino de causar una impresión que se quede grabada (como un chicle bajo el zapato… pero más memorable).
El marketing de guerrilla se refiere a tácticas creativas que logran destacar sin necesidad de presupuestos astronómicos. Suele ser utilizado por startups o marcas que quieren diferenciarse en un mercado saturado.
Por ejemplo:
Es un marketing que es parte actuación, parte broma y todo impacto.
No, de por sí no lo es, pero puede serlo si implica allanamiento, vandalismo o alteración del orden público (te miramos a ti, campañas de graffiti ilegal). Para mantenerlo legal y profesional:
En resumen: sorprende, pero sin armar un escándalo. A menos que ese sea el objetivo… pero aun así, ten cuidado.
Porque funciona. El marketing de guerrilla aprovecha:
Ayuda a que las marcas parezcan valientes, divertidas e inteligentes, todo ello sin gastar como una empresa de la lista Fortune 500.
Este marco es más general, pero también puede aplicarse aquí:
Ayuda a mantener las campañas equilibradas y multidireccionales, algo que las acciones de guerrilla suelen necesitar para difundirse de forma orgánica.
Coca-Cola domina el arte del marketing de sorpresa:
Se trata de unir alegría + marca = momento compartible. Y sí, tienen las visualizaciones de vídeo para demostrarlo.